EL BIENESTAR DE LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS: ¿QUÉ HACER?

IZCOATL JIMÉNEZ

bienestar de los niños

Según datos de UNICEF, ocupamos uno de los primeros lugares en obesidad infantil, siendo esta problemática más intensa en niños menores de 5 años en entornos urbanos. Ni qué decir de las complicaciones generales de salud que esto provoca en la adolescencia, la vida adulta y la senectud. 

Con la reciente pandemia por COVID-19 y la cantidad de muertes por comorbilidades asociadas en México, se entiende la medida adoptada por varias entidades y la tendencia nacional a buscar la prohibición de ‘comida chatarra’ para venta directa a menores de edad. Para efectos prácticos, es positivo ante la emergencia, pero hay que decirlo claro, no resuelve el tema de fondo ni mejora ipso facto un problema estructural. Y es que la reciente prohibición responde adecuadamente la pregunta de cómo evitar que lleguen productos dañinos a nuestros niños. 

Aún falta responder, entre sociedad, iniciativa privada y gobiernos, cuál debe ser y cómo podemos asegurar una buena alimentación y desarrollo para nuestros infantes. Dicen que lo más fácil de hacer cuando no se entiende un problema es ignorar sus causas, subestimar sus implicaciones o prohibir alguna de las causas o componentes que se relacionan con el mismo. 

Cualquiera de éstas tres opciones puede traer bene!cios en el corto plazo pero en las sociedades modernas todo tema se vuelve complejo. Dicho esto, en ésta ocasión, más que centrarme en la reciente prohibición, quiero dedicar este espacio a 5 temas que deberíamos explorar, discutir y atender si en verdad queremos mejorar la salud y, por ende, la calidad de vida de las infancias en México.

1. Fomentar y respetar el derecho de las niñas y los niños a ser amamantados por su madre brindando todo el apoyo requerido por el sistema de salud y la sociedad de manera que se generen las condiciones para ello. La lactancia materna es una aliada en la lucha contra la obesidad, la cual ya ha cali!cado la Organización Mundial de la Salud (OMS) como pandemia. La lactancia materna es un factor importante de protección y prevención de la obesidad por diversidad razones: a) Contiene todos los nutrientes que el bebé necesita sin ningún tipo de aditamentos; b) No existe el riesgo de sobre alimentación del bebé con leche materna, c) Los bene!cios de la lactancia materna para combatir el sobrepeso tienen efectos hasta la adolescencia.

2. Promover la agricultura familiar y urbana, así como el consumo de dietas locales y regionales. La adopción de dietas, particularmente de Norteamérica, ha cambiado radicalmente hábitos de consumo. Tan solo en las últimas tres décadas, nos hemos centrado en el consumo de carnes rojas y azúcares, dejando de lado una amplia variedad de frutas, verduras, legumbres y leguminosas con fuertes vínculos culturales en nuestras comunidades.

3. Canales de distribución y aprovechamiento de las cosechas. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 45% de las frutas y verduras producidas en el mundo se desperdician. ¿Cuánto de lo que producimos tiene el mismo destino y qué hemos hecho para frenarlo? ¿Son nuestros mercados su!cientes y adecuados para asegurar puntos de compra venta de los productos locales? ¿Qué pasa con las frutas y verduras que se desechan de los supermercados por los controles de calidad? ¿Cómo podemos vincular a las escuelas con los productores locales y las familias para dar a nuestros niños desayunos escolares con lo que producimos en nuestros municipios?

4. Medidas fiscales para la buena alimentación. Si bien se han dado buenos pasos hacia los etiquetados claros y se mantienen los impuestos hacia ciertos productos, debemos revisar los subsidios para quienes produzcan y abastezcan de productos locales a nuestras escuelas y nuestros mercados e inyectar fondos para fomentar la educación alimentaria y nutricional.

5. Por último, no menos importante aunque harto relevante, repensar por completo nuestros espacios públicos. No es ni será posible fomentar la actividad física como parte del bienestar de las personas si no hay calles ni banquetas dignas para caminar; si nuestros parques siguen siendo insuficientes; si no hacemos el esfuerzo de conectar museos, librerías, casas de cultura, parques e instalaciones deportivas para ofrecer espacios para la convivencia de las familias, y si no se promueven y aseguran más alternativas de movilidad para romper con el privilegio hacia al automóvil. Es cierto, esto no lo es todo pero debemos comprender el contexto por el que atraviesa el mundo y aprovechar ésta crisis para impulsar cambios de paradigma y replantear, de verdad, nuestros estilos de vida.

La tarea, como siempre lo he dicho, nos debe apelar a todos. Hoy más que nunca no hay pretexto para permanecer pasivos y ausentes. Nos estamos jugando, literalmente, nuestro futuro.