En México comemos con todos los sentidos

Busca en tus recuerdos una sola convivencia con amigos, algún cumpleaños familiar o una celebración con tu pareja en donde la comida no estuviera presente… no hay. Es más, seguramente muchas de esas veces la comida te unió más a tu gente, suspiraste más profundo y hasta dirías que lo viviste más intensamente, ¿verdad?

En México la comida se siente. Nos importa que lo que veamos tenga colores, pero el deseo crece cuando huele rico y las ganas solo se rematan si al morderlo sentimos felicidad. Si alguna de estas variables se alteran, ten por seguro que la decepción solo te hará buscar el mismo platillo en su versión mejorada. Somos almas gastro-perseverantes.

De la vista nace el antojo

No hay duda, el primer bocado lo damos con los ojos. ¿Qué sería de un taco sin su verdura o de un pozole sin lechuga? Unos tacos dorados sin crema y salsa serían menos emocionantes y un agua de Horchata sin su hielo y canela sería más bien agua con leche.

Necesitamos colores, complementos en el sabor, en la temperatura, no se trata tanto de que se vea bonito sino más bien de que se antoje y emocione.

Olfato para comerte mejor

Nuestro instinto devorador siempre se apoya en cómo huele. Si el olor te transporta a la comida de tu mamá o de tu abuela, el platillo tiene la gloria ganada. Si lo que te vas a comer no te emociona tanto, por lo menos tiene que hacerte suspirar profundo, que te den ganas de acercarte para captar la esencia y que sea inevitable relamerte un poco los labios. 

¿Qué tal unos frijolitos de la olla en los que el olorcito a epazote llenan la cocina? Quizá prefieras conchas con chocolate espumoso, ideal para las tardes de lluvia.